
Muchas mujeres sueñan desde niñas con el día de su boda. Flores, vestido blanco y en el altar, él, el príncipe azul con el que vivirán el resto de su vida y tendrán muchos hijos...
Sinceramente a mi nunca me pasó. Odiaba las bodas, me parecían aburridas y demasiado cursis. Un evento al que tenias que ir por compromiso. En el que tenías que gastar en regalo, vestido, accesorios, maquillaje, peinado y de más.
Tan sólo el hecho de imaginarme bailando el waltz frente a todos mis familiares y amigos me aterrorizaba. Tal vez tenía miedo de crecer. ¿Señora yo? ¡Qué horror!
Y ni pensar el "oso" que me darían las ridículas tradiciones de la "vívora de la mar", la liga, el ramo, la marcha fúnebre. Según yo en mi boda no habrían tales visiones. Mucho menos el pastel de 3 pisos con las figuritas de los novios. Lo más ridículo del mundo, para mi, tradición de pueblo.
Ni hablar de la ceremonia religiosa, ¡qué aburrido!, siempre me las saltaba y llegaba mejor directito al banquete.
El brindis, algo innecesario, qué pena que hablen tus papás frente a tus familiares y amigos con el mismo discurso de siempre, en el que uno que otro deja salir una lagrimita y una que otra verdad.
No recuerdo haber puesto atención al peinado, accesorios, uñas, y vestido de la novia, mucho menos en los arreglos de la iglesia, del salón, la comida. Eso simplemente no me importaba, yo solo iba a hacerme presente y a lucir un bonito vestido.
¿Mariachis? ¡jamás!, siempre que llegaban a una boda era el momento de emprender la huida.
Pero todo cambio el día en que recibí el famoso anillo de compromiso...
Ahora ADORO las bodas, amo desde el momento en que me entero que alguien se va a poner la soga al cuello. Trato de platicar con las futuras "novias desesperadas" para darles consejos y contarles mis experiencias al respecto. Según yo para ahorrarles tiempo, dinero y esfuerzo, aunque siempre terminen haciendo su santa voluntad...
Y qué ironías de la vida, desde que estuve comprometida NADIE me invito a una boda. ¡Qué injusticia!. Justo cuando estaba más que dispuesta para disfrutarla y porque no, a criticarla.
Desde ese momento no perdía detalle de las bodas de las famosas, y hasta de conocidas del facebook. Los vestidos que usaban, los peinados que lucían, los accesorios que llevaban, el color del ramo, el tipo de flores, los vestidos de las damas y de las pajes, ¡uff! habían muchos detalles a los cuales no había que perder detalle.
Finalmente en mi boda no hubo brindis, ni pastel de tres pisos, ni recuerditos, ni mucho menos mariachis. A lo que tuve que acceder fue a las ridiculeces de la "vívora de la mar", la liga, el ramo, y hasta el famoso waltz a cargo de Camila con la canción de "todo cambio".
Sinceramente me divertí, y ahora soy la primera en pararme a la hora del ramo.
Es por eso que me he dado a la tarea de ayudar a todas las "bridezilas"a hacerles esta experiencia más sencilla y divertida. Les platicaré las metidas de pata que tuve durante la planeación de mi boda. Las buenas y malas experiencias, así como buenos consejos para ahorrar al máximo su dinero y cómo organizar una boda de sueño. De modo que no se pierdan las siguientes publicaciones.